En 1998 Imanol Rates fue uno de los premiados con el 'Gordo' de la lotería de Navidad, con el número 21.856, comprado en Gipuzkoa. De pequeño se levantaba cada año y pasaba la temprana mañana del veintidós de diciembre frente al televisor, ansiando el momento que cambiaba la monotonía del canto de aquellos niños de San Ildefonso por un abrumador suspiro, entusiasmo. La del año 98 fue diferente. No había calor frente a la chimenea, pero el ambiente del salón en el que se encontraba estaba cargado. Unos diez meses antes, Imanol había firmado junto a unos trescientos entusiastas más el Manifiesto por la Democracia en Euskadi. La mañana del veintidós, frente al televisor, ante el suspiro anual de ánimo, sintió la fugacidad del premio, la risa tonta de la perversión, el cáliz de la venganza fría, la miel helada del éxito.
El tocadiscos estaba en un estado admirable. Colocado el disco, comenzamos a tomar el control del volumen. Imanol Rates tituló a esta primera sinfonía 'Intrépida' y fue ideada como una introducción de todo lo que escribiría posteriormente. El suelo estaba frío, y es que nos sentamos en él a escuchar las notas reverberar contra las mullidas paredes, y es que el tiempo las había vuelto, de rotas, cómodas e irregulares, huecas de alma libre, de vidas francas.
Imanol Rates fue llamado a declarar la mañana del veintidós de diciembre de mil novecientos noventa y ocho. De joven formó parte de la ya extinguida Jarrai y su vida no siguió otro cauce que el que le llevaría a tomar como referencia de su vida los días, meses, años entrando y saliendo de juicios y prisiones. Compuso 'Intrépida' en la cárcel. De la magia de aquellos sonidos que escuchábamos brotaba también la lucha por la construcción nacional, el socialismo, el descanso en paz.
