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jueves, 20 de mayo de 2010

Tenemos que solucionar la noche del día después de dormir contigo.

Al principio me iba sin decir nada. Empecé a pedir algunos números. Cuando pasaban unos días llamaba o enviaba algún mensaje. Me pasé mucho tiempo buscando algo más para llenar un vacío. Tenía una curiosidad enorme por descubrir nuevas sensaciones. Sabía que en un país que hasta ese momento llamaba 'de nunca jamás' habría algo que aunque doliera me hiciera sentirme más vivo que nunca. Cuando menos lo esperaba, hace seis meses, tú me llamaste loko. Comencé a enamorarme. Es algo nuevo y distinto a cualquier otra cosa. No sé cómo es para los demás o para él, pero a mí a veces me encoge por dentro y me baña los ojos. Es la magia que tiene y que está llegando a convertirme en alguien que toca la emoción del dolor. Porque puedo dar fe de cómo se sufre cuando las puertas del ascensor se cierran y vuelvo a empezar a contar el tiempo que falta para saber de él. Y sin embargo no puedo dejar de temblar cuando me doy cuenta que estoy haciendo el amor, viviéndolo. Había algo que decía algo así como que hay que alejarse del árbol para ver el bosque. Si tienden nuestra historia por pinzas y la ponemos a secar, el sol la verá perfecta. Abrazo admitir que ya he llorado o, mejor dicho, me he emocionado. Porque todo es real. Real. Acabo de entender que enamorarse de alguien que te ama es el cupón de lotería con el premio gordo. Yo elijo no jugar más al azar porque este premio es el que he estado esperando toda la vida.


...más que una sesión de fotos.
...más que dos capítulos de One Tree Hill.

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